El símbolo de Milán apuesta por la excelencia

Grand Hotel et de Milan
Inaugurado en 1863, en tiempos de la unificación italiana, el histórico y lujoso Grand Hotel et de Milan se ha convertido desde entonces en un auténtico símbolo de la ciudad de Milán. Su nombre está estrechamente vinculado a Giuseppe Verdi, que vivió aquí los últimos veinte años de su vida, aunque a lo largo de su extensa historia ha acogido a innumerables personalidades ilustres, desde Caruso hasta D’Annunzio, desde Callas hasta Vittorio De Sica. Hoy, este establecimiento emblemático ha sabido adaptarse a las tendencias y los desafíos del mundo contemporáneo y se presenta ante el mercado turístico internacional de cinco estrellas con un impulso renovado, conservando intacto su encanto. Un reto tan prestigioso como exigente que afronta cada día su joven y brillante director general, Andrea Piantanida.
«Hoy, en el sector del lujo», explica el director, «la verdadera excelencia reside en la calidad del tiempo. Si el “poco” tiempo del que se dispone durante una estancia en un establecimiento prestigioso no se disfruta plenamente, la experiencia no puede resultar satisfactoria. Además, alojarse en el Grand Hotel et de Milan significa encontrarse en un lugar de encanto incomparable, que desde hace casi dos siglos representa la excelencia de la hospitalidad milanesa. Por eso, todo aquí debe ser sencillamente excelente para satisfacer las necesidades de nuestros huéspedes, incluida, naturalmente, la calidad del descanso. Somos, además, una institución profundamente italiana y reivindicamos con orgullo esta fortaleza. Para mantener ese mismo compromiso con la excelencia también en el descanso, elegimos como socio a otro referente italiano del sector: Dorelan».
Con sus 72 habitaciones y 23 suites —la más célebre de ellas es, sin duda, la número 105, dedicada al maestro Giuseppe Verdi—, el Grand Hotel et de Milan es, ante todo, un lugar con identidad propia, más allá de su condición de hotel. Y como tal recibe a quienes lo eligen para vivir su atmósfera única. «Gestionar la hospitalidad de alta gama», añade Andrea Piantanida, «también significa, en una época cada vez más digitalizada, preservar el lujo del factor humano. Nuestra propuesta de hospitalidad consiste en atender todas las necesidades de nuestros huéspedes, incluido su deseo de mantener un contacto personal constante con quienes los cuidan y los miman.
Esto es especialmente importante para una clientela como la nuestra, cuya edad media se sitúa a partir de los 45 años y que, por tanto, está menos orientada al entorno digital y valora mucho más el contacto humano. Además, ofrecemos servicios de máxima calidad en otro ámbito decisivo para la hospitalidad actual: la gastronomía. Mientras que el restaurante Caruso, con su jardín de invierno, propone una cocina que reinterpreta los platos tradicionales milaneses desde una perspectiva contemporánea, su restaurante hermano, Don Carlos, ofrece especialidades mediterráneas en un ambiente cálido y acogedor, con paredes decoradas con pinturas, bocetos y escenas procedentes del Museo del Teatro alla Scala».